El más que posible alto impacto de Facebook y el Big Data en la próximas elecciones en EEUU

Hay mucho en juego. Nada más y nada menos que elegir a la persona que ha de liderar durante los próximos cuatro años el país con más influencia en el mundo. Y para conquistar ese puesto los dos grandes partidos políticos y sus respectivos equipos de campaña están poniendo todo su empeño.

small-data

                                                     chrisdorney / Shutterstock.com

Más allá de cámaras, luces y debates televisivos, la gran batalla por las elecciones estadounidenses acontecerá en Facebook. Al igual que en la Guerra Fría, la verdadera lucha se libra en el campo de la inteligencia: Facebook es quien informa al político sobre sus votantes y no al revés, como pudiera parecer.

Republicanos y demócratas emplean los datos que los ciudadanos ceden a la red social de Mark Zuckerberg de forma voluntaria, y a menudo de forma totalmente inconsciente, para luego utilizarlos en su favor. Conocen quienes son, dónde están, quienes son sus amigos, sus preocupaciones, sus intereses y su nivel de influencia en sus círculos sociales.

Sin duda la clave radica en entender cuáles son los puntos críticos para ganar unas elecciones presidenciales en EEUU. En gran parte de los estados el voto está completamente fidelizado hacia uno y otro bando y son unos pocos millones, o incluso miles de personas, en zonas muy concretas de la geografía estadounidense, los que deciden si será un republicano o un demócrata quien sentará sus posaderas en el sillón de la Casa Blanca.

El ejemplo de Obama

En 2008, el Big Data empezaba a introducirse de forma aún poco significativa en la campaña presidencial pero aún no se conocía todo su potencial. Sin embargo, por aquel entonces el potencial como medio de comunicación de masas de Facebook y Twitter con un uso político empezaba a dejarse ver y Barack Obama fue capaz de aprovechar la brecha de forma pionera. Desde ese momento, las elecciones presidenciales en EEUU se rigen por la siguiente máxima: no puedes ganar elecciones solo en Facebook, pero sin Facebook has perdido las elecciones.

El equipo del todavía presidente estadounidense también optó por volcar los esfuerzos y recursos típicos de un campaña offline (discursos, carteles, noticias, mensajes…) a la realidad virtual. Tenían un jefe de campaña en Second Life -el videojuego online más popular en la época que permitía a la gente vivir una vida paralela a través de internet- porque la gente joven no reparaba en los anuncios tradicionales.

Cuatro años más tarde, en 2012, el uso de Facebook y Twitter se convirtió en una estrategia recurrente entre los partidos políticos. Sin embargo, lo que realmente marcó la diferencia en esta campaña de Obama fue la capacidad de saber utilizar los datos que los usuarios volcaban en las redes sociales.

Analizaron datos de Facebook y vieron quién era un influencer entre la audiencia e intentaron persuadir a esos infuencers. Unos influencers que las empresas y los expertos en marketing digital utilizan para promocionar sus productos a través de las redes sociales. Como si de unas deportivas o un champú se tratase, el marketing político estadounidense ha buscado las personas capaces de ejercer presión en su entorno a favor del candidato.

Para ello, la campaña de Obama recurrió al empleo del Big Data con el fin de hacer llegar los mensajes adecuados a las personas con peso en determinados círculos. La gran innovación de Obama fue pasar del social data al Big Data. Para ello, Obama contrató matemáticos, astrofísicos, genetistas e informáticos que debían trabajar con esos datos.

En 2012, el periodista Sasha Issenberg, que siguió la campaña electoral de Obama, publicó un interesante libro, The Victory Lab: the Secret Science of Winning Campaigns (Crown-Random House), sobre la nueva y “secreta” ciencia para ganar elecciones. El diario online Politico.com calificó el libro de Issenberg como “Moneyball for politics”.

Audiencia micro segmentada

Gracias al análisis y al cruce del big data, los partidos políticos y los gobiernos podrán conocer de manera muy exhaustiva al ciudadano, sus características, preferencias, necesidades y deseos. Esto les permitirá acercarse mucho mejor a determinados segmentos de población optando por la micro segmentación y la geolocalización para aplicar estrategias muy personalizadas y diferenciadas, presentar propuestas, estrategias de comunicación a medida. La segmentación se usa en las campañas electorales de todo el mundo para adaptar los mensajes del candidato a cada colectivo determinado, con el fin de conseguir una aproximación más efectiva.

El objetivo es que el electorado se sienta escuchado y próximo a un partido. La relevancia de la segmentación es crear mensajes dirigidos directamente a estos grupos, para así reclutar votantes que, de otra forma, no se hubieran identificado nunca con el candidato o para activar a aquellos que están de acuerdo en una temática concreta pero no tanto con el resto de temas.

La política 2.0 se juega hoy con algoritmos, investigación, testeo y predicciones matemáticas. Informáticos tomados prestados de Silicon Valley, genios estadísticos, expertos en redes sociales y en marketing, encuestadores, sociólogos, geeks, hackers retirados y hasta jugadores de póquer forman parte de los sofisticados equipos de los candidatos presidenciales en EEUU. a cargo de analizar grandes volúmenes de información para predecir con margen matemático quiénes son los votantes clave: dónde están, cómo persuadirlos, cuáles son sus gustos y si, pulsando la tecla correcta, estarán dispuestos a donar dinero.

Los datos son información, y la información es poder para discernir mediante qué mensaje un partido o un candidato puede acercarse más a un simpatizante o votante, sea para activarle o para que vaya a votar. Enviar el mensaje oportuno a la persona oportuna, de eso se trata. Dianas más pequeñas, impactos más certeros. De la sobreexposición publicitaria del mass media a la precisión de la personalización del social media. A través de los datos que obtenemos, podemos conseguir impactar más con nuestros mensajes. Con ellos, la política tiene la posibilidad de conocer de manera muy exhaustiva al ciudadano, sus características, preferencias, necesidades y deseos…

En resumen, vivimos en un mar de datos. El Big Data nos empequeñece, abruma y nos convierte en cifras medibles y cuantificables, mientras crece más allá de nuestra comprensión. Pero estos datos, que aumentan de forma desenfrenada y que nos podrían resultar básicos en una campaña electoral, o para comunicar desde un gobierno, a menudo no son bien aprovechados, sino ignorados o sobreestimados.

Ya afirmó Aristóteles, en su Política, que el demagogo siempre conquista el poder gracias al halago y la seducción de las clases populares, a las que manipula diciéndoles lo que quieren escuchar y aquí el Big Data puede ser una pieza clave.

Comments (0)

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies